Una cultura de pensamiento

Pensar es una función innata del ser humano. Si bien todos nacemos con esta capacidad, es necesario un trabajo estructurado para que el pensamiento llegue a niveles altos de desarrollo.

Muchas personas, a pesar de tener esta habilidad, se muestran pasivos e indiferentes delante de las circunstancias que provocan el pensamiento, son insensibles delante de estímulos que invitan a reflexionar. Una de las razones por las cuales no somos conscientes de nuestros pensamientos es que, por suerte o por desgracia, no son perceptibles por las demás personas. Una buena manera de hacer “visibles” nuestros pensamientos es utilizar unos organizadores que ayudan a estructurar, ordenar y desarrollar diferentes formas de pensamiento: las rutinas de pensamiento.

Desde los primeros cursos de Primaria se proponen diferentes rutinas de pensamiento para trabajar en el aula que hacen “visible” el proceso del pensamiento. Son herramientas sencillas que ayudan a focalizar la atención y a mover el pensamiento para desarrollar una buena comprensión de aquello que estamos observando y aprendiendo.