Leer o no leer

En un mundo absolutamente tecnificado y lleno de pantallas -cosas que son buenas para el progreso de la sociedad-, podemos olvidar y dejar de lado algunas de las cosas más importantes que podemos hacer, descuidar algunas prioridades. Desde el punto de vista educativo, la lectura cumple los requisitos para ser una de las prioridades que tiene que tener cualquier colegio, cualquier familia.

Frecuentemente, el planteamiento de la lectura en los colegios ha sido un planteamiento de “lectura obligatoria”: se programa un libro adecuado para cada edad, con un tiempo determinado para leerlo y un examen o trabajo para comprobar si realmente se ha leído lo que se tenía que leer. Nada más fácil para que el estudiante acabe aburriendo -si no odiando- la lectura. Si todos pensamos que la lectura es muy buena para el crecimiento personal, para adquirir vocabulario, para fomentar la creatividad y la imaginación, para la ayuda de la expresión oral y escrita, etc., ¿por qué la fomentamos de esta manera creando el efecto contrario? Animar a la lectura es mucho más que leer unas cuantas páginas en un tiempo determinado. En Institució Lleida tenemos, como mínimo, un espacio diario de lectura personal en silencio (¡qué falta nos hace tener tiempo de paz, tranquilidad y silencio hoy en día…) donde cada alumno, cada alumna, dedica su tiempo a leer un libro entre los que la escuela les ofrece, en su biblioteca de aula, adecuado a sus edades y procurando que les aporte -además del entretenimiento y todo lo que se ha comentado previamente- unos valores, unos ejemplos que les ayuden a progresar personalmente. Sabemos de sobras que, cuanto más se lee, más motivación hay hacia la lectura. Por lo tanto, no son necesarios ni los exámenes ni los trabajos para saber si se han leído el libro, porque la motivación hacia los libros va creciendo en su interior. Esto es crear hábitos saludables hacia los aspectos prioritarios en el mundo educativo. De los beneficios reales de la lectura se podrían escribir muchas líneas… Entonces, ¿por qué no animamos más a los jóvenes a leer, buscando lecturas motivadoras que les enriquecerán? Es más fácil dar una pantalla para la distracción y el entretenimiento, pero no lo olvidemos, la lectura abre la mente, dispara la imaginación, aumenta la creatividad.

Leer cuesta -como cuesta todo lo que vale la pena-, es una acción que requiere activar una serie de hábitos, pero los beneficios que comporta superan, con creces, el esfuerzo de encontrar tiempo habitual para la lectura, buscar un buen libro y un rincón de paz y tranquilidad. ¿Qué mejor ejemplo se puede dar a los hijos?