Innovación educativa, sí, pero con sentido

Sin duda estamos en unos tiempos en los que todo va muy rápido y que se producen los cambios a toda velocidad. Esto también está pasando en la educación: parece que se tienen que aplicar nuevos modelos metodológicos en el aula, que rompen otras maneras de hacer y que son de obligada implementación. Innovar en educación no puede ser una moda; innovar en educación es necesario para adaptarse a la sociedad que vivirán los ciudadanos del futuro, pero siempre tiene que tener un sentido: ¿para qué se introduce un cambio metodológico? ¿Cuáles serán los aprendizajes significativos de los alumnos? ¿Están realmente aprendiendo esas competencias, esos conocimientos reales, esas habilidades sociales que les servirán para el mundo laboral y social que se encontrarán cuando sean adultos?

El objetivo de la educación en las escuelas es que los alumnos aprendan. No es suficiente decir que todo lo que necesiten saber ya se lo encontrarán en Google, porque la educación de las personas va mucho más allá. Se tiene que enseñar a colaborar con los demás, a ser una persona resiliente, a poner esfuerzo en todo lo que hace, a tener pensamiento crítico, a ser una persona íntegra, autónoma, a dominar unos cuantos idiomas que le servirán mucho en este mundo global, etc. En Institució Lleida estamos trabajando una metodología sostenible en el tiempo -es decir, que no responde a una moda del momento- y que trabaja todos estos aspectos necesarios en los aprendizajes: la llamamos Dream Schools porque, efectivamente, queremos construir la escuela de nuestros sueños, esa escuela que, de pequeños, habríamos soñado ir, una escuela en la que lo pasamos muy bien a la vez que aprendemos muchas cosas. Los ejes de esta metodología están pensados para desarrollar de la mejor manera posible las competencias que el currículum del Departament d’Esenyament nos propone. Entonces, tiene perfectamente cabida el trabajo con aprendizaje cooperativo -que es mucho más que el trabajo en equipo-; el desarrollo de rutinas y destrezas de pensamiento; el trabajo por proyectos, integrado perfectamente en las metodologías previas y, sobre todo, una enseñanza personalizada -que no individualizada- que atiende a cada uno según y de acuerdo con sus talentos diversos. Todo junto, para que la enseñanza sea absolutamente competencial.

Si, después de poner todas estas herramientas, bien trabajadas, los alumnos no son capaces de superar las pruebas individuales que se les presenten, sean las pruebas de Competencias Básicas, exámenes externos de certificados diversos, sea el desarrollo personal y competente en la vida real, el sistema fracasaría. Todo aprendizaje tiene que tener su sentido, sus objetivos tienen que ser claros -como se hace en la vida real en una empresa o un equipo deportivo, per ejemplo- de superación y de mejora personal, de integración. Así, todas introducción de nueva metodología en la escuela habrá valido la pena.